Di adiós al suavizante

Una de las primeras cosas que eliminé de mi vida, tanto para simplificar como para evitar tóxicos, fue el suavizante para ropa.

Al caminar por el pasillo de productos de limpieza del hogar siempre me pasaba lo mismo: empezaba a picarme la nariz y los ojos y tenía una sensación de mareo muy grande.

El exceso de perfumes y otras sustancias producía en mi un efecto que consideraba que no era normal. ¿Era posible que esos productos de uso cotidiando me produjeran algún tipo de alergía o reacción?

Recuerdo que cuando tenía que cruzar ese pasillo me tapaba la nariz y la boca con la camiseta y cogía lo que necesitaba rápido para salir de ahí en cuanto antes.

Lo peor, sin duda, era que a pesar de esa extraña reacción seguía usando esos productos, aunque en poca cantidad, para hacer la colada.

Con el tiempo me fui dando cuenta de que el efecto que tenían en mi al respirarlos y tocarlos, era también perjudicial para mi ropa.

Primero de todo porque después me los ponía encima. Estaban en contacto con mi piel y esas sustancias tenían la capacidad de atravesar sus primeras capas y, por lo tanto, pasar tóxicos a mi cuerpo.

Y en segundo lugar, porque iban degradando mi ropa poco a poco.

El ejemplo más claro para mi eran las toallas. No conseguía que mis toallas secaran como el primer día. Veía que tenían una especie de pátina que impedía que secaran correctamente y cada vez tenían un aspecto más desgastado.

Eso es lo que producen los suavizantes, una especie de capa resbaladiza sobre los textiles que los acaba estropeando y restándoles años de vida.

Así que, como casi siempre, volví para atrás para encontrar una solución. Yo quería que mi ropa estuviera suave y luciera como el primer día, así que me decanté por dejar de utilizar este moderno producto y me pasé a… ¡Tachán! El vinagre.

Sí, queridas mías. Al vinagre. Porque el PH del vinagre no estropea la ropa, al contrario, la suaviza. Y, además, por el contrario a lo que muchos creen, ¡no huele!

No te vayas a pensar que voy por la vida oliendo a ensalada. No, no, no. El vinagre no deja ingún tipo de olor. Al secarse, se evapora con el sol o en la secadora.

Y aún así, si no me crees, puedes usar cualquier aceite esencial de tu gusto y mezclarlo con la lavadora para que seguro segurísimo no vayas oliendo a ensalada por la vida 😉

¿Cómo uso el vinagre en la colada?

Pues muy fácil, añado un cacito pequeño, correspondiente a 1/4 de vaso aproximadamente a cada lavado. Puedes añadirlo directamente al tambor, en un cazo como los que vienen en la caja del jabón o bien en el cajón dónde iría el suavizante líquido. Si quieres usar algún aceite esencial, también puedes añadirlo ahí mismo.

Y ¡voilà! Ya tienes tu suavizante sin tóxicos, sin aromas y sin estropearte ni envejecerte la ropa. Y además, es mucho más económico. Seguro que como ya lo usas para otras cosas (¿has probado este multiusos?), te sale muy a cuenta tenerlo siempre en casa.

¿Conocías este uso del vinagre? ¿Cómo suavizas tú la ropa de forma natural?

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